El verano ha aparecido de improvisto sobre mi memoria a corazón cerrado. Ahora sólo me apetece jugar a ver los escalones que puedo saltar, esperar despierta a la siguiente estrella fugaz, y comprender que el encanto de la vida no reside más allá de las fronteras de tus pupilas.
Pronto me enseñaste a jugar a las damas. Por eso ahora porto sombrero respondo a tu nombre para enmarcar mis silencios; Y lo siento, pero aun aun no sé cómo hacerlo, ya he aprendido que el instinto maternal se despierta con las primeras frustaciones.
¿Por qué te vas a vivir a Berlín? ¿crees que todas las cosas estupendas ocurren allí? En Zamora también hay miradas cómplices, nostalgia por las esquinas, antiguos bares de amigos futuros. Señoras tomando la fresca sentadas en los bancos de la vida y de la plaza. Fuentes donde los turistas sorprendidos se hacen fotos y trabajadores de la funeraria que se frotan las manos con la ausencia. Pero si lo que quieres es no verme, entonces no digas que lo que quieres es conocer gente nueva, sino olvidar a los de siempre.